Desperté con el ingenuo deseo
De haber muerto en el sueño,
En la noche salpicada de
Siniestro sexo, de laberintos
De tu casa, de besos y testigos,
Luna y agua en el patio.
La inevitable llegada
Del brillo de la mañana en mis ojos
Que rehúsan a dejarte ir,
Aún tras la tarde, en la interminable jornada
El resabio del sueño,
Su intenso eco en mi.
Aún agoto, en el pensamiento,
Las paredes que nos ocultan y
Lo absurdo de los escenarios,
Aún intento esconderte y
Morder tu piel, la hermosa piel
Salpicada de noche y miedo.
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