Siempre llega el día en que la sociedad termina por consumirnos
a nosotros, los pasivos. Termina por robarnos las fuerzas
y fundirlas en su maquinaria pesada y acabamos siendo simples ornamentos.
Quisiera perderme antes en algún otro lugar. En algún etereo
lugar donde haya luz y donde haya música. Y donde nadie quiera
nada de nadie. Solo el amor. Tal vez alguna mirada cálida. Y la mano
para caminar por el pasto.